Revolución (8 de marzo)

Me enseñaron a ser esclava de emociones
De aceptar un guapa y llorar un fea
Me dieron a elegir entre el niño guapo
o el feo...
nunca la independencia.

Me mostraron el interés económico,
no intelectual.
Me dijeron que tenía que tragar todo
lo que dijera mi hombre…
porque yo era la mujer.
Me dieron una cultura vacía
que no me representaba
y me obligaron a creerla.

Me forzaron a quedarme en brazos
que no me amaban.
Esperar a mi hombre,
con su plato favorito en la mesa,
rezando por tener su atención una noche.
Nunca estaba de humor.
Nunca me trató bien.
Me cuestionó.
Me castigó.
Me odió.  
Me tocó.

Y yo no le di permiso.
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Carcomas || Frida

Me están comiendo por dentro como carcomas.

Pululan en  el interior de mí como si tuvieran derecho a matarme.
Preferí el amargo dolor de las palabras
a ver cómo me sonreían mientas me apuñalaban.
Los dejo entrar y dejo que me maten.
Entonces vuelvo a empezar
vuelvo a arañarme, a sangrar, a intoxicarme
de mí misma
conmigo misma.

Abro la boca y no siento la humedad de mi lengua
no trago porque ya no puedo tragar más.
Sé que nunca pertenecí a nadie porque no soy nada
porque solo soy de mi misma
queriendo que cada uno se mire como algún día me miré yo.

Cada vez me cuesta respirar más,
me concentro en eso que me da la vida
y entiendo que necesito un respiro.
Me siento en una silla
aunque no siento que esté sentada
Tampoco noto las plantas de mis pies.

Dejad de comedme, intento gritar.
¡Dejad de comerme!

Me tapé los ojos con tinta,
pero siempre aparece alguien y me destapa el pastel.
¿Por qué han decidido venir a por mí?
¿Acaso no he sido lo suficientemente buena?

Pero ya no puedo hablar, sólo gritos ahogados
mientras intento no ahogarme por falta de aire.
Quiero tocarme para sentir que estoy viva:
me toco los brazos, la barriga...
pero no siento nada
y sé que estoy vacía.

Me comen por dentro como carcomas.
Como carcomas...

Me tapé los ojos con tinta
no siento mis venas,
me cuesta respirar,
mi corazón va a mil,
me están comiendo.

Alguien ve cómo sudo
mientras la ansiedad se apodera de mí.
No sé construir sin destruirme.
Me están comiendo.
Alguien ve cómo sudo
mientras la ansiedad se apodera de mí.

Las carcomas se han comido mi razón.

Me siento ahogada,
no respiro bien,
tampoco puedo pensar
y necesito verme en los demás.
Encontrarme en cuerpos ajenos,
en esos cuerpos donde dejé mi alma
y no supieron corresponderme
y aún así solo encuentro un pequeño soplo de lo que pude llegar a ser.

Me llamaba intentando atraerme hacia mí,
pero solo me contestaba un eco. A lo lejos
casi imperceptible a mi fino oído
me sigo llamando porque sé que siempre estuve ahí
¡que siempre estuve ahí!
Pero ya no queda nada, no hay nada.
 Luego comprendí que ellos nunca me conocieron
por eso no podía verme
Que nunca supe quien era, quién soy
No sé. Quizá no soy nada y por eso no puedo
proyectarme.


No se puede proyectar el vacío.
Quizás solo sea ininteligible incluso para mí misma.
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Un regalo



Me llaman vida, porque resurjo en cualquier parte,  me llaman luz, me llaman paz, me llaman arte.  Me llaman tiempo porque dicen que todo lo curo,  me llaman muerte, porque allí donde estés, llegaré seguro.  Me llaman símbolo, me llaman traición,  aquellos que al ver mi imagen se ahogan en su frustración.  Me llaman...y no pronuncian ningún nombre,  me llaman semi-dios, y se olvidan que soy un hombre.  Me llaman cambio, precursor, presumido y déspota,  me llaman visionario adelantado a mi época.  Me llaman agua, fuego, tierra, me llaman viento,  me llaman tormenta porque en cada aliento, libero lineas de sentimientos.  Me llaman estatua, porque disfruto estando solo,  me llaman mar, porque saben que nunca me conocerán del todo.  Me llaman lágrima, quizás por las lecciones que enseño,  me llaman fugitivo, porque nunca tuve dueño.  (ESTRIBILLO)  Me llaman tantas cosas para bien o para mal,  hermosas o venenosas formas de hacerme inmortal.  Me aman o me odian, me quieren o me rechazan,  me llaman, para entregarme sus halagos, su amenaza. (x2)  Me llaman caricia porque mis palabras recorren tu piel,  me llaman pájaro, porque sé volar cuando me entrego al papel.  Me llaman infiel, me llaman ingenuo, cobarde, hipócrita y maestro,  me llaman Las Vegas por lo que apuesto,  me llaman Wall Street por lo que arriesgo.  Por mis abrazos me llaman oso, por mi rabia, tigre,  me llaman calle, no por peligroso, sino por impredecible.  Me llaman mago, druida, amigo y guía,  me llaman inocencia perdida, por mi sabiduría.  Me llaman sonrisa por lo sincero, me llaman fiero y caballero,  porque dejo que las frases siempre pasen primero.  Me llaman títere, desviado, payaso,  ¿supongo que soy lo que ellos deben ser acaso?  Me llaman genio y demonio, me llaman furia,  me llaman manicomio porque guardo dentro aquello que otros repudian.  Me llaman agitador, provocador, polémico,  sin dinero me llaman "triste loco", con dinero "divertido excéntrico".  Me llaman hermético, me llaman virus y germen,  me llaman disparo, quizás porque nunca han podido detenerme.  Me llaman pero no me vuelvo, me llaman rata, me llaman enfermo,  me llaman Manhattan porque nunca duermo.  Me llaman desierto porque parezco eterno...  (ESTRIBILLO)  Me llaman tantas cosas para bien o para mal,  hermosas o venenosas formas de hacerme inmortal.  Me aman o me odian, me quieren o me rechazan,  me llaman, para entregarme sus halagos, su amenaza
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Depredadores depredados.

Que Dios os bendiga,
a mí me dais asco.
Se escapan de las manos:
ruidos, egocentrismo,
viento frío, la nada...
sois vacíos.

Depredadores del yo.
Del y tú qué
tu culpa fue. 
Yo no fui. 

Depredadores del ayer,
hiciste, dijiste
estás sellado por lo que fuiste
no me vale el presente.
Ya no eres como antes.

Desterráis al humano,
os quedáis con sus cosas
y lo llamáis buena acción.
Aplausos por los triunfos.
Aplausos por la ignorancia.

Aplausos vacíos.
Llenos de rencor,
de vanidad y codicia.
De quiero ser mejor que tú
y solo lo conseguiré si te destruyo.

Depredadores del fuego,
nadie lo inventó para quemarnos entre nosotros.
Las brujas que no quisieron ser como vosotros
Creyentes que no creían
en espectros como vosotros.

Depredadores, no cambiáis nada.
No sois nada,
Somos más fuertes los que os tenemos en el punto de mira.
Somos callados, constantes y fuertes.
Somos animales que sabemos a quien depredar.
A quien cazar, comer y desterrar.


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Y ahora un poema... o varios.

(Sin título), poema de Susana Teran (-Devilcraft)

Tus labios son como mi libro favorito, 
quiero leerlos a pesar de que ya los conozco perfectamente, 
me he aprendido de memoria cada pequeño detalle que ocultan. 
Cada roce es como una palabra, un pequeño y fugaz beso se convierte en mi frase favorita,
esa que estará presente en cada momento de mi vida. 
Puede que haya leído mil veces esos labios pero siempre, siempre me gustara volver a leerlos de principio a fin.






Diferentes casi iguales de Serginaz

Sin metro; 
para que medir nuestra estatura cuando sabes que a veces te veo tan alta y efímera como una estrella fugaz:
inalcanzable, 
inexpugnable, 
invicta, 
de estatura perfecta.
Sin báscula; 
para qué pesarnos? 
Aunque a veces te pones tan pesada, 
insoportable, 
insufrible, 
que aguantarte es Misión Imposible.
Tampoco termómetro Doña Calentona, 
ninfómana; 
supuras y sudas estrógenos, 
y con ellos perfumas el ambiente, 
dulce aroma que enloquece...
me enciende.
Menos temperatómetro,
que mostraría lo que nos une: 
La Poesía, 
pasión por emoción, 
ormasmos físicos y mentales;
y es que somos: 
Diferentes Casi Iguales. 


Puedes encontrarlo aquí: @poesiaenanarquia https://www.facebook.com/Poesiaenanarquia



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Pídemelo, niñita

 Decidió visitar a la bruja, con una actitud valiente y positiva. Ella sabía que las probabilidades de obtener su petición eran muy bajas, pero ella quería intentarlo. Jugaba con sus pequeñas manos delante de la puerta, argumentando en su cabeza las posibilidades de que la mandara más allá de su ciudad por pedir tal deseo. Pero ya estaba allí, tarde para arrepentirse así que suspiró, se mentalizó y tocó con sus pequeños nudillos la puerta. Bastó dos simples toques para que ésta se abriera. La niña entró sigilosamente, pensaba que su bravería no se disolvería cuando viera aquel lugar. Pero se equivocó.
Desde su posición, pudo ver como algunas ratas nadaban en un frasco lleno de un líquido gris, en otra parte, se encontraba una cabeza sin ojos puesta encima de una vitrina; cuando dio un par de pasos más, quedó a su vista un perro que tenía la virtud —o la magia— de poder andar en sus dos patas traseras, con las de adelante jugaba al ajedrez solo.
La niña pensó en huir, definitivamente se había precipitado; un lugar así no es un sitio para una niña. Sin embargo, cuando se dio media vuelta, impulsada por el terror y su propia imaginación, la bruja apareció. Esta bruja no tenía una verruga en la nariz, ni un sombrero cutre de pico. Era bonita y sus ojos llegaban a hipnotizar hasta lo más muerto que se encontraba en ese lugar.
La bruja miró de hito en hito a la niña. No dijo nada, simplemente negó con la cabeza.
—¿Dónde vas? Aún no has pedido tu deseo. —la voz de la bruja era calmada, pacífica e incluso dulce. La niña estaba petrificada, millones de sensaciones invadían su cuerpo, una parte de ella la empujaba hacia la salida, pero otra le susurraba que se quedara. Carraspeó e intentó ordenar sus palabras:
—Yo... es que... tú... dicen... no sé... cómo... —. Titubeó la chica, la bruja rio. Y, de nuevo, negó con la cabeza.
—Oh, niña preciosa y valiente, no debes tener miedo. Pídeme e intentaré ayudarte. —dijo la bruja, su voz seguía sonando de lo más calmada e incluso llegaba a ser confiada. La niña tragó saliva y se animó a decirlo.
—Quiero acabar con las injusticias del mundo. —soltó la niña. La bruja se quedó ojiplática, esperaba la petición de una niña de su edad, algo como una muñeca que hable de verdad o un perrito. La extraña y preciosa bruja se llevó la mano a su barbilla, pensando en las consecuencias de lo que ésta le pedía.
—¿Qué obtengo yo a cambio? —preguntó. Ella no hacía las cosas gratuitamente. La niña no pensó en eso. Así que le respondió lo primero que se le pasó por la cabeza.
—Unas eternas vacaciones. Estoy segura de que muchas personas vienen aquí a pedirte venganza o para echar alguna maldición. Si las injusticias no existieran, esas personas no vendrían aquí y tu podrías hacer... cosas. —dijo la niña, mostrando seguridad ante lo que decía, intentando que no se notara mucho la improvisación. La mujer mostró una gran sonrisa.
—En tal caso, que así sea. —la bruja chasqueó los dedos y un gran temblor invadió el lugar. Este temblor no duró más de cinco segundos, en cambio, cuando paró y la niña miró a la bruja, ésta era todo pellejo. No tenía pelo y, desde donde se encontraba, pudo ver dos verrugas. ¿Acaso se había hecho justicia con la bruja? No es justo que sólo ella obtenga la virtud de la juventud cuando ya no lo es. Las ratas se hallaban jugueteando por la casa, libres, y el perro de dos patas, ya tenía cuatro y hacía cosas de perros. Si en esta casa se hizo justicia... en el mundo entero...
La niña salió corriendo. Quería ver el milagro que la bruja le había concedido. Corrió hacia el bosque, sin poder quitar ojo de lo que veía. Todo era colores, los verdes de los árboles y sus flores, la tierra olía a vida y todo era precioso. Los pájaros cantaban como nunca antes y el río agradecía la no-contaminación. No obstante, la niña quería ver más. Se fue a su ciudad, especialmente al sin techo que dormía en frente de su casa. Le habían contado que este hombre se le fue quitado todo de una forma cruel; se habían aprovechado al extremo. Sin embargo, ahora se encontraba feliz. La niña se acercó y le preguntó. El hombre le comentó que uno de los comerciantes necesitaba a una persona que se hiciera cargo de su jardín y pensó en él, no veía justo que nadie le diera trabajo. La niña, feliz, quiso saber más.
Se fue directamente a la puerta de su colegio. Allí estaba una madre tan feliz como se encontró al (ex) sin techo. La mujer daba las gracias al colegio por pagarle a su hijo los tres años que le faltaban por cursar. Este niño iba a ser echado por no poder pagar. La niña se sentía plena por todas las buenas nuevas que escuchaba y veía. Así que decidió ir a su casa y comentarle a su madre que todo aquello lo había hecho ella.
Cuando llegó a su hogar, su madre se encontraba empaquetando algunos libros de cocina y ropa.
—¿Qué pasa mamá? —la niña pensaba que se los daría a alguna persona que lo necesitase, pero esa no fue su respuesta.
—Debemos mucho dinero a Hacienda y no tenemos con qué pagarlo. —la niña no sabía qué era hacienda y tampoco entendía por qué empaquetaba sus cosas. La madre, al ver la expresión de la niña, le aclaró:
—Nos han quitado la casa, cariño. —la chiquilla entendió el punto y no le gustó nada lo que eso significaba. Una lágrima se escapó y, sin decir nada más, salió corriendo.
—¡¿Qué has hecho?! —gritó la niña nada más divisar a la bruja. Ésta se miraba al espejo, intentando ocultar y tapar algunas de sus arrugas. La bruja no se inmutó, sabía que volvería.
—Yo he obtenido mi edad, eaquel bastardo una oportunidad, el niñato una beca y tus padres un embargo. Se ha hecho justicia.
—¡No! No se ha hecho justicia. Mis padres no deberían pagar nada.
—Tus padres no pagaron cuando debieron. Ahora hay justicia y eso implica pagar. No fue mi deseo sino el tuyo, atente a tus consecuencias, niñita. —la pequeña se paseaba por la casa de la bruja. Tenía que pensar en algo y rápido. No podía dejar eso así, no.
Sólo había una solución. No le parecía lo más correcto porque eso implicaría desahcer lo bueno del deseo, pero ¿qué pasaría con su familia? No podía permitirlo. Miró a su compinche que en esos momentos se estaba poniendo una peluca. La bruja, al notar los ojos de la niña en ella, se giró para enfrentarla.
—Pídemelo, niñita.
—Quiero que todo vuelva a ser como antes de mi deseo. —la bruja chasqueó los dedos y, de nuevo, otro temblor invadió el lugar. A los segundos, la bruja volvió a tener su figura de modelo y sus ojos hipnotizadores. Las ratas nadaban en líquido grisáceoy el perro andaba sobre dos patas, ahora jugaba al poker. La niña corrió hacia el bosque. Todo era de color triste y desolado. El sin techo seguía en su banco, comiendo algo que se encontró en la basura y el niño salió llorando del colegio, no tendría una educación digna. La niña se fue hacia su casa, buscó a su madre y la vio sentada en el sofá, leyendo una revista.
—¿Qué pasó hija?



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Y ahora un poema... (o varios)

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Quiero verte de Leonardo16

No quieres verme.

Te amo, y muero sin tus labios.

Te amo, aunque ya no quieras amarme.
No somos cercanos, somos Venus y Marte.
Un ocaso al borde de tus manos.
Un verbo que olvida conjugarse.

Te amo, y muero sin tu voz.

Te amo, aunque me arranques el corazón.
No somos humanos, somos frío y calor.
Un paso lento sin acabarse.
Un amor eterno que olvida amarse.

Si supieras que la rosa de invierno
es más que el jardín de primavera.
Sabrías que una brisa de nuestro tiempo,
es más que lo eterno del poema.

Te amo, y muero sin verte.

Te amo, aunque ya no quieras verme.
No somos reales, somos loca y demente.
Un cuento que no puede narrarse.
Un final que no puede detenerse.

Te amo. Quiero verte.
No me amas. No quieres verme.



Hoy que puedo dar brillo...  de Melina Sornoza V

Hoy que puedo dar brillo a tu camino,
Me esforzaré por construir los pasillos más hermosos,
Plantaré flores para que las más dulces fragancias te rodeen,
Eres para mí un ser extremadamente valioso.

Escribiré notas y las esparciré por tus pies,
Para que si en algún momento tus pies se dobleguen por las circunstancias,
Cada nota sea una razón para levantarte,
A pesar de que no esté junto a ti por la distancia.

Guardaré parte de mis memorias junto a ti,
En un cofre bañado de esperanza y de fe.
Eres un ser brillante, una obra de arte que descubrí,
Creo en ti y en las grandes cosas que puedes lograr hacer.

No te rindas, lo mejor está por venir
He visto el brillo en tus ojos.
He visto que a pesar del dolor, tu alma empieza a resurgir.
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